Ecos del Sínodo

En 1987 se celebró en Roma el Sínodo sobre los Laicos, sobre «La vocación y la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo» (1-30 de octubre de 1987)

Tendría una importante exhortación apostólica post-sinodal, la Christifidelis laici, del Papa Juan Pablo II. Este documento es capital para entender todo lo que vendría después. No es el único, pero sí muy importante.

Supe por Radio Vaticana de su convocatoria. Y lo compartí con Oswaldo. Recuerdo que comentamos sobre la desinformación que vivíamos. La Iglesia solo disponía de una publicación, la hoja dominical Vida Cristiana que editaban los jesuitas en la iglesia de Reina, con métodos casi artesanales, se distribuía por toda Cuba. Sin embargo, por las propias limitaciones de los medios disponibles en aquella época en el país, una noticia de enero podía conocerse en junio. Yo ya soñaba con una hoja parroquial, de tirada limitada, que pudiera informar y formar. Y lo había comentado a Oswaldo, quien siempre podía ver más allá. Y lo hizo. Comprendió la importancia del sínodo, comprendió la importancia de darlo a conocer y me propuso hacer realidad una publicación laica que informara sobre el mismo: “Ecos del Sínodo”. Ese fue su origen. Y en el propio octubre de 1987 comenzó su realización y distribución.

Fue la primera publicación independiente en Cuba y en la iglesia cubana desde 1959. Oswaldo lo conversó con Ramón Antúnez, su amigo de siempre, y con Santiago Cárdenas, y nos pusimos a la tarea de organizar la publicación. Yo transcribía las noticias sobre el sínodo, que escuchaba a través de las emisiones de Radio Vaticana. Luego nos reuníamos, generalmente en casa de Ramoncito Antúnez, alguna vez en la parroquia, y analizábamos las noticias, qué publicar en el pequeño espacio de un folio A4 por sus dos caras.

Oswaldo propuso publicar, ya en esa época, algunas de sus ideas sobre la realidad cubana, se debatió entre todos y todos estuvimos de acuerdo. Se acordó que siempre estaría la coletilla: cada autor es responsable de sus publicaciones, sabedores de que podíamos tener problemas con el gobierno, y lo que era peor, con su poder represivo.

Llegamos a publicar 5 números. Los distribuíamos cada domingo en las Iglesias de La Habana. Lo hacíamos en parejas, como los apóstoles. Oswaldo y Ramoncito, en el coche de este último, un viejo coche americano, no recuerdo la marca. Y Santiago Cárdenas y yo, en el coche de Santiago, un Fiat más moderno, de los que vendía el gobierno a algunos médicos. Llegábamos a las iglesias antes de la misa, siempre conocíamos a alguien, en aquella época todos nos conocíamos en la Iglesia, éramos muy pocos… y le pedíamos, por favor, si se podían al finalizar la misa dominical. En los domingos siguientes, y nos esperaban, todos querían leerlo.

Intentábamos abarcar el mayor número posible de templos en una mañana.

En una hoja A4, por ambas caras, se condensaban las noticias y algunos artículos de opinión, necesariamente breves. Yo me encargaba de la edición. En 1987 no teníamos internet, ni impresoras, ni ordenadores. En la parroquia había un viejo mimeógrafo roto y también un ditto. Uno imprimía con tinta y el segundo, usaba alcohol. El mimeógrafo estaba roto, y entre Oswaldo y yo, lo limpiamos. Oswaldo logró repararlo, no recuerdo si colaboró alguien más. Oswaldo era muy creativo para encontrar soluciones para estas situaciones.

El mimeógrafo era el medio de impresión usado habitualmente en escuelas y empresas de la época. No había impresoras ni fotocopiadoras. En aquellos días, crearon unas tiendas que vendían los llamados “productos ociosos de las empresas”, donde vendían mil cosas que nadie necesitaba y muy pocos compraban. Allí compré los stencils necesarios para la impresión con el mimeógrafo, y también paquetes de hojas de papel bagazo, muy malo y poco perdurable. Pero en número suficiente para poder enfrentar el proyecto.

La edición la hacía en una vieja máquina de escribir. Y cuando intenté mejorar el diseño, utilicé otra máquina de escribir para mecanografiar una columna con una tipografía diferente. En 1990, cuando nos detuvieron e interrogaron durante horas, el interrogador me acusó de haber querido despistarles utilizando hasta 7 máquinas de escribir diferentes, lo cual supe por él, porque yo solamente pretendía hacer una edición lo mejor posible dentro de lo imposible. Pero ellos siempre piensan así.

Para nuestra sorpresa, la publicación tuvo una gran acogida. Como he dicho, nos esperaban cada domingo y pedían más. Las noticias del sínodo eran novedad, pero no me duda alguna: el leit motiv del gran interés despertado eran los escritos del Oswaldo.

También nos pedían ejemplares de comunidades a donde no podíamos llegar… era un soplo de aire fresco y esperanza. Y ya Oswaldo iba dando a conocer algunas de aquellas ideas que llevó al ENEC y por las cuales le presionaron y boicotearon. Con el tiempo supimos que hasta en el exilio se leía, evidentemente alguien se atrevió a hacerle cruzar el charco.

Publicamos 5 números. Fue mandada a suspender por medio de una carta de monseñor Carlos Manuel de Céspedes, la cual hizo llegar a través del padre Oscar Pérez. Por orden del Obispo, Mons. Jaime Ortega, obviamente, no sabemos si por iniciativa propia o por presiones de la seguridad del estado cubano, o por ambas. Pero en obediencia, finalizamos la publicación. Durante un año, como pensábamos que decía el código de derecho canónico, tampoco habíamos pensado extenderla más allá de la duración del Sínodo.

Ecos del Sínodo es el antecedente directo de Pueblo de Dios.

Rolando Sabín

Ecos del Sínodo nº 1

Ecos del Sínodo nº 2

Ecos del Sínodo nº 3

Ecos del Sínodo nº 4

Ecos del Sínodo nº 5

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