Hoy queremos expresar públicamente nuestro apoyo al anuncio del gobierno de Donald Trump de enviar 6 millones de dólares adicionales en ayuda humanitaria para el pueblo de Cuba, ayuda que no será entregada al régimen, sino canalizada a través de la Iglesia, como ya ocurrió con los 3 millones enviados anteriormente.
Apoyamos esta decisión sin ambigüedades.
Y lo hacemos con coherencia, porque esto mismo fue lo que reclamamos en julio de 2021, cuando solicitamos 11 acciones concretas de aislamiento al régimen cubano, en solidaridad con la libertad del pueblo de Cuba.
En particular, en el punto 10 de esas acciones, pedíamos la creación de un canal humanitario que permitiera enviar ayuda directa al pueblo cubano mientras se aislaba al régimen.
Lo dijimos entonces y lo reiteramos ahora: el aislamiento es contra la dictadura, no contra el pueblo.
Y entiéndase bien: el aislamiento es un acto de solidaridad con el pueblo y con su libertad.
Por eso, la existencia de un canal humanitario independiente del poder tiránico no contradice el aislamiento: lo confirma.
Es la demostración práctica de que se puede cerrar el grifo al régimen y abrir la mano al pueblo al mismo tiempo.
Pero hay algo aún más profundo en lo que está ocurriendo ahora.
Por primera vez en la historia, esta ayuda desconecta el control directo de la dictadura sobre el pueblo.
Por primera vez, la ayuda humanitaria es verdaderamente humanitaria y no ideológica.
No pasa por consignas, no exige adhesión política, no obliga a sonreírle al poder.
Por primera vez, un cubano puede recibir ayuda sin apoyar al régimen,
sin agradecerle al régimen, sin depender políticamente del régimen.
Esto comienza a romper la relación de dependencia forzada que la dictadura ha impuesto durante décadas como mecanismo de dominación.
Empieza a desmontarse el chantaje y el secuestro que el gobierno cubano ha ejercido sobre la vida cotidiana de los ciudadanos usando la necesidad como arma.
Esta ayuda, distribuida por la Iglesia y supervisada por los donantes no por el Estado cubano, materializa una idea esencial:
la presión internacional debe dirigirse al poder opresor, y la solidaridad debe llegar —sin intermediación política— a quienes sufren.
Y aquí hay una reflexión que los cubanos debemos asumir desde ahora.
Debemos estar preparados, porque llegará el momento en que nos toque a nosotros.
Llegará el día en que los cubanos libres tengamos que organizar, enviar y sostener la ayuda humanitaria.
Llegará el momento en que sea nuestro deber moral asistir, reconstruir y acompañar a nuestro propio pueblo.
Esto que hoy recibimos como solidaridad, mañana tendremos que ejercerlo como responsabilidad.
No celebramos una dádiva defendemos una línea moral correcta:
aislamiento al régimen,
solidaridad con el pueblo,
y ayuda humanitaria sin complicidad.
Esta posición la defendimos ayer.
La defendemos hoy.
Y la defenderemos siempre.
A nombre del Movimiento Cristiano Liberación
Tony Diaz Sánchez
Regis Iglesias Ramírez
Eduardo Cardet Concepción
