Eduardo Cardet, verdad y moral frente al castrismo. Por Antonio Chinchetru, en ZoePost.

Eduardo Cardet, izquierda en la foto, con miembros del MCL.

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El castrismo ha hecho de la supuesta alta calidad de su sanidad pública un elemento central de la propaganda exterior. La realidad es, sin embargo, muy distinta de lo que el agitprop de La Habana y sus palmeros del resto del planeta proclaman. El sistema de salud cubano es indigno de recibir tal nombre. Los hospitales y otros centros de atención (excepto los reservados a los jerarcas del Partido Comunista y los extranjeros dispuestos a pagar grandes sumas de dinero) se caracterizan por la absoluta falta de recursos (incluyendo los medicamentos más elementales).

Y es del seno de esa inmensa mentira de donde surgen algunas de las figuras que más luchan por la verdad y por tratar de lograr la ansiada libertad. Algunos de los representantes más relevantes de la resistencia al castrismo son o fueron profesionales del sistema sanitario. Es el caso de Eduardo Cardet, médico de familia en Velasco (provincia de Holguín), como lo fue el de Oswaldo Payá, ingeniero de Telecomunicaciones especializado en electromedicina.

Si enfrentarse a un régimen totalitario siempre es una tarea titánica, para Cardet tiene un añadido muy especial. Lo hace con la obligación moral de demostrar que es un digno sucesor de un gigante de la lucha por la democracia, el ya citado Oswaldo Payá, fundador y coordinador nacional del Movimiento Cristiano Liberación (MCL).

Cardet asumió en noviembre de 2014, porque así lo decidieron los miembros de su organización, el liderazgo del MCL. Lo hizo tras el extraño accidente que en 2012 acabó con la vida de Payá y Harold Cepero. El hecho casi seguro de que fuera un asesinato, a pesar de que las autoridades cubanas y españolas pusieran todo el empeño en ocultarlo, no acobardó a este hombre de formas tranquilas y hablar pausado. Es portador de un valor y una dignidad que no requieren de grandes aspavientos para demostrase.

El actual líder del MCL ya ha pagado por hacer frente a la tiranía el mismo precio que muchos miembros de su organización y otros disidentes al pasar casi tres años en prisión. Pero que dicho precio haya sido, y siga siendo, pagado por muchos no quita mérito alguno a quienes ven cómo se les impone. Tan sólo reafirma la naturaleza criminal de una dictadura que, bajo el signo de la hoz y el martillo, oprime y empobrece Cuba desde 1959.

Cardet fue detenido el 30 de noviembre de 2016. Pocos meses después, en uno de los típicos juicios farsa del castrismo, fue condenado a tres años de prisión por un supuesto delito de “atentado contra la autoridad”. No saldría de la cárcel hasta el 30 de septiembre de 2019. Un centro penitenciario cubano es de por sí un infierno para aquel que se ve recluido en el mismo. Pero para el coordinador nacional del MCL tuvo peligros y sufrimientos añadidos. Varios reclusos le apuñalaron, lo que puso en peligro su vida. Es difícil no sospechar que la larga mano del aparato represivo, que usa siempre a presos comunes contra los prisioneros políticos, no estuviera detrás del ataque. Ya antes había sufrido palizas por parte de agentes del régimen.

Pero no queda ahí la cosa. También se le agredió psicológicamente al aislarle de su mujer y sus dos hijos. Se le prohibió telefonearlos y además le suspendieron las visitas familiares. El motivo aludido es que estas últimas no contribuían a su “reeducación”.

Pero ¿por qué pagó Cardet tan alto precio? El hecho de suceder a Payá al frente del MCL era motivo más que suficiente. Sin embargo, el régimen quería agarrarse a un hecho concreto para justificar la represión. Y encontraron la excusa en que el médico de familia y opositor, que ya había sido arrestado en diversas ocasiones en el pasado, osó decir esa verdad incómoda que no puede ser pronunciada en voz alta. No proclamó que el emperador está desnudo. Declaró que ese mismo emperador no fue amado por aquellos a los que destrozó la vida.

En declaraciones a la emisora española esRadio, tras la muerte de Fidel Castro dijo: “Es imposible que nuestro pueblo pueda expresar de manera libre y espontánea el verdadero sentir por este acontecimiento. Hay poca gente en la calle, mucha presencia policial. Muchos controles y prohibiciones. Castro fue un hombre sumamente odiado y rechazado por nuestro pueblo”. La verdad, como destacó Václav Havel, es un poderoso arma contra las dictaduras comunistas. Y por eso Cardet fue a prisión.

Fue una condena rechazada tanto fuera como dentro de las fronteras de Cuba. Organizaciones de derechos humanos, instituciones, políticos y particulares de todo el mundo reclamaron su excarcelación hasta que esta se produjo. Incluso 10.000 cubanos del interior de la isla juntaron el valor necesario para firmar una demanda en el mismo sentido impulsada por el MCL.

Su actividad opositora viene de lejos. Fue un cercano colaborador de Payá, al que le unía una fuerte confianza mutua. En el seno del MCL ha sido gestor de proyectos impulsados por el fundador de este movimiento, como el Proyecto Varela, el Proyecto Heredia, el Camino del Pueblo y Un cubano, un voto. También tiene una larga experiencia en sufrir los zarpazos del aparato represivo. Como ya se ha señalado, en el pasado fue arrestado en diversas ocasiones. Además, en una vieja tradición de los sistemas comunistas en relación con los disidentes, fue despedido de su empleo.

Ocurrió un año antes de ser nombrado coordinador nacional del MCL. La dictadura le expulsó de su puesto en el Centro de Salud de Velasco. Las protestas de los vecinos lograron revertir el castigo. Sin embargo, tras la salida de prisión no ha vuelto a recuperar su empleo. El régimen sostiene que tres años sin trabajar le ha dejado “desactualizado”, como si la medicina de familia hubiera dado un salto de gigante en ese periodo de tiempo.

Pero Cardet no se rinde. Mantiene encendida la antorcha cuya custodia recibió como sucesor de Oswaldo Payá. Continúa, junto con sus compañeros del MCL a lo largo de toda Cuba, enfrentándose a la tiranía comunista.

Suele decirse que Juan Pablo II, Ronald Reagan y Margaret Thatcher fueron quienes derrotaron al imperio soviético a finales del siglo XX. Pero eso no es cierto. No, al menos, del todo. Sin duda esas tres figuras fueron fundamentales y jugaron un papel importante. Pero esto es así porque estaban allí en el momento preciso para dar apoyo y soporte a quienes se enfrentaron a la KGB, la Stasi y similares tras el Telón de Acero.

Quienes tumbaron a los regímenes comunistas de la URSS, Polonia, Checoslovaquia, Hungría y el resto de Europa Central fueron los habitantes de esos países. Fueron millones de seres humanos que perdieron el miedo, reclamaron verdad y democracia en un tsunami libertador que ningún muro pudo frenar.

Eso fue posible en buena medida gracias a la labor de hombres como Václav Havel, Lech Walesa, Andrei Sájarov, el cardenal József Mindszenty y muchos otros. Algunos, como Mindszenty, no vivieron para ver sus naciones liberadas. Varios, como Walesa y Havel, llegaron a ser presidentes de sus países tras el fin del régimen socialista. Pero todos tienen algo en común. Mantuvieron viva la llama de la lucha por la libertad y se convirtieron en ejemplos morales más que políticos para sus conciudadanos. El combate pacífico contra una tiranía no se lleva a cabo tan sólo desde el exilio (sin que esto reste dramatismo y mérito a quienes viven esa condena) ni en capitales de terceros países.

La resistencia dentro de las fronteras del país sometido a la dictadura es fundamental. Es algo que entendieron las grandes figuras de la disidencia de Europa Central y Oriental. También lo comprendió Oswaldo Payá. Y todos ellos actuaron en consecuencia. Eduardo Cardet sigue su ejemplo.

*Antonio José Chinchetru es periodista y programador. 

Antonio Chinchetru y Eduardo Cardet. Septiembre 2016, Madrid

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