Diario de León: Entrevista a Efrén Fernández, exprisonero del Movimiento Cristiano de Liberación desterrado

“Las ratas de la celda ni se asustaban”

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Su caso evoca las mismas atrocidades de la dictadura franquista. Torturado, vejado, humillado, encarcelado durante siete años y cinco meses después de un pseudojuicio sumarísimo por pensar libremente y ahora liberado con graves secuelas físicas y psicológicas, el disidente cubano Efrén Fernández Fernández (47 años) retoma su vida en León junto a siete miembros de su familia. La mitad de ellos son solicitantes de asilo político y la otra ha sido acogida como peticionaria de protección internacional. Aún se están adaptando a las mañanas frescas y a sí mismos. «Ha sido un cambio brusco para todos porque han sido muchos años sin estar juntos. Me parece que estoy flotando», relata este habanero integrante del grupo de 75 disidentes apresados en la oleada represiva de la Primavera Negra del 2003, nombre con el que fue bautizada la cadena de detenciones ejercida por la dictadura militar de Fidel Castro contra periodistas, sindicalistas y opositores cubanos a partir de la madrugada del 18 de marzo de ese año.

Esta semana llegaba a España el número 28 de los disidentes cuya excarcelación fue anunciada el pasado 7 de julio por el presidente cubano, Raúl Castro, tras la mediación de la Iglesia Católica y el respaldo del Gobierno español.

Efrén dice haber estado muy cerca del infierno. Quizá por eso lleva días embelesado durante horas mirando el cielo de León. Este clima le vendrá bien para mitigar las enfermedades que arrastra de su cautiverio en una celda húmeda cerrada a cal y canto y que le han llevado al borde de la muerte en más de una ocasión. El origen de su detención fue la estrecha colaboración con Oswaldo Payá en el Movimiento Cristiano de Liberación y en el Proyecto Varela, que propone la modificación de leyes en Cuba para obligar al cumplimiento de derechos reconocidos en su Constitución, como la libertad de prensa, de expresión o de asociación. «Yo fui quien procesó todo el Proyecto Varela, por esto me tenían un odio tremendo. Y lo pagué gravemente», manifiesta Efrén durante un largo encuentro en la sede de Accem, entidad que acoge a su familia y que le guía en la tramitación de todos los papeles, incluido su empadronamiento. En los próximos días, la capital tendrá ocho residentes más. Efrén ha llegado con su esposa, Yamilet Velázquez (39 años) y la hermana melliza de ésta, Yamilka, ambas integrantes de las Damas de Blanco, grupo de mujeres que luchan sin descanso por la liberación de sus familiares. Le acompañan también su hijo Efrén, de 21 años, su hija Liana Rosa, de 16, su hijo de 20 años Yunier y la mujer de éste, Gisselle, que está embarazada, además de Néstor, de 24 años de edad. Atrás han quedado los padres del disidente. «Ambos murieron cuando yo estaba en la cárcel. Nunca les pude ver», se lamenta. El padre moría en febrero tras sufrir varios infartos. La Seguridad del Estado puso como condición a la familia para llevar a Efrén al velatorio que no asistiera ningún miembro del movimiento opositor.

Efrén Fernández Fernández es adoptado como preso de conciencia por Amnistía Internacional, organización que lleva años denunciando las condiciones en las que se encuentran los penales cubanos y el trato específico a los presos políticos. Aunque le resulta doloroso renovar la memoria, Efrén recuerda que fue apresado después de sufrir una larga persecución que le hizo perder muchos empleos. «La policía política iba al centro de trabajo y advertía al administrador de que yo no podía seguir trabajando. Tardaban poco en echarme». Por entonces, Efrén empleaba sus esfuerzos en la clandestinidad para recopilar y procesar las 25.000 firmas que después sustentaron el Proyecto Varela. Esa fue la causa que motivó su detención. Trabajaba a tiempo completo como secretario del Movimiento Cristiano de Liberación, opositor del régimen castrista liderado por Oswaldo Payá. «Caía llovizna. Era invierno. Me había enterado por llamadas telefónicas de las primeras detenciones que se habían producido a lo largo y ancho de la isla. A las ocho acabé mi trabajo y le dije a mi hermano que se preparara, que la situación era difícil. Fui a mi casa y tenían todo el barrio tomado por la policía. Hicieron un registro y se llevaron una radio portátil, que allí es delito tenerla, varias boletos del Proyecto Varela, una Declaración Universal de Derechos Humanos, que también es delito, y un casete de vídeo de mi boda hace 23 años, que nunca han querido devolver. Eso fue todo lo que encontraron en la casa».

«De ahí -”continúa su estremecedor relato-” me llevaron al macabro centro de interrogatorios». Este lugar es conocido por Villa Maristas porque antes de 1959 era la sede de esta hermandad en la isla. «Se apoderaron de aquel lugar y allí se ha torturado a miles y miles de hombres y mujeres». La atmósfera que describe no puede ser más siniestra: «Allí nos tenían separados, en celdas tapiadas, con elevada humedad. Tenía justo encima un foco con una intensa luz las 24 horas. Hacía un calor insoportable. Abrías los brazos y tocabas los dos extremos de la pared. Cuando nos sacaban para interrogar, los militares estaban abrigados. Nos sentaban en una silla empotrada al suelo junto a un equipo de aire acondicionado que te helaba los pulmones enseguida. Piensa en la diferencia de temperatura con la celda-¦». Su relato sostiene que los operarios del centro se regocijaban en las miserias de los presos. «Nos abrían el agua una vez al día. Estaba muy cerca de la tubería de las aguas residuales, pero había que beber. Cuando notaban que bebías muerto de sed, volvían a cortar el suministro para torturarnos más». En este lugar pasó algo más de un mes.

Fuera, su familia era acosada y amenazada permanentemente. «Perseguidos, acosados, asediados y hostigados; así les hacían sentir», denuncia. «Entretanto, a mí me decían que les iban a desaparecer. Ésa era su frase». Todos los miembros de su familia con trabajo padecieron igual persecución que él en sus puestos. Sus jefes eran amenazados y acababan atemorizados despidiendo a quien hiciera falta. «A mi mujer y a mi cuñada les decían que sus hijos pagarían las consecuencias». «Incluso a uno de ellos quisieron reclutarlo para el Ejército sabiendo que no es una persona apta».

Pasadas las semanas de torturas e interrogatorios en Villa Maristas, centro de operaciones del régimen, Efrén fue sometido a un proceso judicial muy parecido a los juicios sumarísimos del franquismo. El 7 de abril del 2003, catorce tribunales cubanos dictaban condenas que en conjunto ascendían a 680 años de prisión para varias decenas de disidentes sometidos a estos procesos. La ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) señaló entonces que las condenas confirmadas oscilaban entre los 10 y 27 años de prisión mayor y afectaban a los últimos 36 disidentes. La más alta era de 27 años contra el periodista independiente Omar Rodríguez Saludes, seguida de los 26 años impuestos al opositor Víctor Arroyo por un tribunal de Pinar del Río, en el este de la isla. Entre los condenados a 20 años figuran los periodistas independientes Raúl Rivero y Ricardo González, así como Marta Beatriz Roque, líder de la llamada Asamblea para Promover la Sociedad Civil. En conjunto, los tribunales emitieron 20 condenas de entre 20 y 27 años y otras 16 inferiores a los 18 años de prisión. Efrén Fernández Fernández obtuvo la pena más baja, de 12 años de cárcel. Quedaban así juzgados los 75 de la Primavera Negra bajo las acusaciones de atentar contra la independencia e integridad del Estado, colaborar con Estados Unidos y socavar los principios de la revolución cubana, entre otros delitos. El disidente fue condenado a doce años por violar el artículo 91 del Código Penal, que estipula que «el que, en interés de un Estado extranjero, ejecute un hecho con el objeto de que sufra detrimento la independencia del Estado cubano o la integridad de su territorio, incurre en sanción de privación de libertad de diez a veinte años o muerte». «Fue un proceso sin garantías procesales», denuncia. «Yo no tenía abogado defensor y los que lo tenían, jamás pudieron verlos. Esta farsa se convirtió en un circo romano». Aunque todos son presos de conciencia adoptados por Amnistía Internacional, el gobierno cubano los considera presos comunes y alega que han sido debidamente juzgados y condenados.

El 24 de abril del 2003 le trasladaron a un área especial de la prisión de Guanajay; especial porque «era un régimen de aislamiento atroz, donde nos grababan cada palabra con cámaras ocultas», afirma. «Las paredes -”recuerda-” estaban llenas de moho por la humedad extrema. Nunca veíamos el cielo. Cuando llovía, se inundaba la celda. Las ratas eran enormes: las acosabas y ni siquiera se asustaban de los acostumbradas que estaban. A los ocho meses me sacaron de esa celda y me introdujeron, junto a Marcelo López, en otra que las paredes daban corriente; no las podíamos tocar». Un día se plantaron. Eso o acabar loco de terror. «Decidimos tirar todos los medicamentos que tomábamos y les dijimos que no volveríamos a tomarlos hasta que nos sacaran de allí. En aquel momento preferíamos morir».

Efrén sobrevivió comiendo seis galletas al día y bebiendo agua con azúcar al negarse a ingerir la comida facilitada en el penal. Les atiborraban a sancocho, el equivalente cubano al potaje que se cocina aquí para los cerdos. Si por algo fue perseguido Efrén en esta etapa fue por su audacia para colar mensajes propios en Internet a través de enlaces y otros contactos. En la Red se encuentran algunos de los comunicados que emitió desde su celda, como el que se refiere a la comida servida en la prisión de máxima seguridad de Guanajay: «Cada día que pasa va de mal en peor. En el desayuno continúan suministrando un pan viejo y aplastado como una galleta y un líquido semitrasparente insípido e inodoro, parecido al agua no potable que ingerimos diariamente. [-¦] Cuando reparten un pestilente picadillo de «carne», viene mezclado con escamas y otras inmundicias de un pescado de agua dulce llamado tenca, en ocasiones echado a perder. Los presos que lo consumen, por no tener otra opción alimenticia, padecen de incontrolables diarreas. [-¦] Los lamentos de los presos se escuchan por doquier. Algunos manifiestan que los están matando de hambre. Otros refieren que el ruido de sus tripas, por estar vacías, no los deja dormir».

A finales del 2004, el grupo del 75 fue dividido en tres y les llevaron al Hospital Nacional de Reclusos de la Prisión Cominado del Este, en La Habana. «Aquello era insalubre total». Su salud empezó a empeorar de forma galopante. Perdió más de 25 kilos. Le practicaron una intervención de vesícula en la que estuvo a punto de perder la vida en la sala de operaciones. «Lo único que he logrado saber es que tuve un espasmo cerebral» La reclusión en las condiciones infrahumanas que describe le empezó a pasar factura. Efrén se enfrentó a una situación muy seria, con graves afecciones en la piel, riñones y visión. Fue diagnosticado de tiña y de serios problemas inmunológicos, cuyas secuelas no tiene inconveniente alguno en mostrar. Durante la entrevista se descamisa y muestra los daños cutáneos y otras secuelas físicas que aún arrastra y que empezarán a ser tratadas por médicos leoneses en cuanto reciba los informes que ha enviado su Gobierno, «en su mayoría falsos, por lo poco que pude ver en su día». En uno de los comunicados que logró difundir fuera de esta prisión de máxima severidad, el disidente decidió informar a la opinión pública sobre su deteriorado estado de salud y el trato que estaba recibiendo en el penal: «Aquí en la prisión he contraído una serie de enfermedades, entre ellas soplo en el corazón, hipertensión arterial severa, el virus del herpes simple (en sus 2 variedades: VHS-1 y VHS-2); tiña en los pies, en la cabeza alteración dermatológica, al igual que en los brazos, el pecho y la espalda. También me salen vesículas en el interior de la boca; tengo una fisura anal, duodenitis crónica, bulbitis erosiva y gastritis heritematosa». «Por la nariz y la boca -”agrega en su relato-” expulso una secreción constante, sobre todo a la hora de comer; padezco además de aumento de la ecogenicidad hepática (hígado graso inflamado); fui operado de la vesícula biliar; glaucoma con excavaciones en ambos ojos. Desde mediado de 2005 a la fecha he padecido nueve infecciones renales severas, con fiebres muy altas y dolores inmensos, pierdo el color y no puedo orinar. Según una prueba que me hicieron tengo escherichia coli ». Oficialmente nunca existió este diagnóstico denunciado a través de payolibre.com, uno de los múltiples portales de Internet orientados a sensibilizar sobre la penosa situación que viven los presos políticos en la isla caribeña. «Lo que tendrán que pasar los presos comunes. ¡Pobres!», se lamenta.

Pese a la gravedad de las afecciones, denuncia un trato de abandono total por parte de las autoridades penitenciarias. Tanto que decidió declararse en huelga de hambre. Ocurrió un mes antes de ser desterrado a España. Tomó esta decisión como protesta por su traslado de vuelta a prisión mientras estaba recibiendo tratamiento médico. «Pide mejor trato para su delicado estado de salud», explicó en su momento el opositor cubano Oswaldo Payá a través de su web oficial. Efrén había sido hospitalizado el día 13 de junio por lesiones bacterianas en la piel y un trombo en el intestino y, aun estando enfermo, lo trasladaron a una celda de la prisión donde había humedad y no podía seguir el tratamiento médico. En cinco días perdió ocho kilos. Su situación empeoró de tal manera que en menos de 48 horas un médico ratificó su estado y fue trasladado al hospital, de donde el 17 de agosto salió directamente hacia el aeropuerto, donde un vuelo de Air Europa transportó a las familias de los tres disidentes liberados esa jornada: Efrén, Regis Iglesias Ramírez y Marcelo Cano Rodríguez. No vio nada de la isla. Su familia fue avisada con unas pocas horas de antelación y se tuvieron que presentar en el aeropuerto con lo puesto. La tensión no acabó con su liberación. El Gobierno cubano no quería dejar salir de la isla a su nuera, por lo que Efrén se plantó de nuevo hasta que los militares recibieron órdenes del propio presidente para darle la carta de salida. Llegaban a Madrid a las 12:46 horas.

Entre el próximo miércoles y el jueves podrían llegar otros dos presos cuya liberación ya ha sido anunciada: Leonel Grave de Peralta Almenares, bibliotecario independiente, sentenciado a 20 años, y Alexis Rodríguez Fernández, miembro del Movimiento Cristiano de Liberación y condenado a 15 años. Para entonces sólo quedarán en las cárceles cubanas una veintena de los 52 presos políticos que Raúl Castro se comprometió a liberar. Al menos cinco han rechazado la propuesta del Arzobispado de La Habana de viajar a España una vez salgan de prisión. En este proceso de liberaciones sólo son excarcerlados los presos que aceptan su inmediato destierro en España, donde el Defensor del Pueblo estudia sus peticiones de asilo.

Desde el destierro, Efrén Fernández amanecía esta semana con la sentencia de Fidel Castro de que el «modelo cubano ya no sirve ni para nosotros». «Llega más de 50 años tarde y dice lo mismo que hemos estado diciendo los presos de Cuba», afirma el disidente. Descarta por completo que las excarcelaciones sean un signo aperturista del régimen castrista, sino que las interpreta más bien como un gesto para ganar tiempo. «El Gobierno habla de cambios, pero no se ve ninguno. El modelo cubano ha sido un fiasco», sostiene. «Pero Fidel sigue mandando».

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